Guía universitaria

Benedictine University: tasa de admisión, requisitos y graduación

Benedictine University: lo que dicen los números oficiales, en palabras que sirven

Benedictine University en datos

Datos federales · IPEDS + Common Data Set
Tasa de admisión
77.2 %

2,153 admitidos de 2,788 solicitantes · estudiantes de pregrado de primer ingreso que buscan título o certificado · otoño 2023

Colegiatura y cuotas
$34,290

precio publicado por año · estudiantes de pregrado de primer ingreso y tiempo completo · 2023–24

Precio neto promedio · ingreso familiar $0–$30K
$19,282/año

después de becas y ayudas · estudiantes de pregrado de primer ingreso, tiempo completo, que buscan título o certificado y recibieron ayuda federal (Title IV) · 2022–23 · cada nivel de ingreso

Tasa de graduación
51 %

obtuvo una licenciatura o equivalente en 6 años (150 % del tiempo normal) · subcohorte ajustada 2017 de estudiantes de primer ingreso y tiempo completo que buscan licenciatura · cohorte 2017 · IPEDS 2023

SAT / ACT
Opcional

no es obligatorio; se considera si lo envías · solicitantes de primer ingreso a pregrado · otoño 2023

Más datos
Fechas límite de solicitud
Ver fechas

prioritaria: 1 de febrero · Common Data Set 2024–25 (C14, C21, C22), publicado por la universidad · confirma las fechas de este año con la universidad

GPA promedio de preparatoria
3.21

estudiantes de primer año y primer ingreso que buscan título y enviaron su GPA · Common Data Set 2024–25 (C12), publicado por la universidad

GPA de preparatoria
Obligatorio

cómo usa el GPA de preparatoria en la admisión · solicitantes de primer ingreso a pregrado · otoño 2023

Tasa de retención
69 %

se volvió a inscribir el otoño siguiente, de tiempo completo o parcial · cohorte ajustada de otoño 2022 de estudiantes de primer ingreso y tiempo completo que buscan licenciatura · otoño 2022 → otoño 2023

Cuota de solicitud
Sin cuota

cuota de solicitud de pregrado · 2023–24

Estudiantes hispanos o latinos de pregrado
21 %

estudiantes de pregrado · otoño 2023 · describe quién estudia aquí, no el apoyo que recibirá un estudiante

Fuente: Departamento de Educación de EE. UU., IPEDS; GPA promedio y fechas de solicitud del Common Data Set que publica la propia universidad. Cada cifra indica a quién cuenta y de qué año. Cómo usamos estos datos

Hay un momento, cuando empiezas a mirar universidades con tu hijo, en que las páginas web empiezan a sonar todas iguales. Fotos de campus soleados, testimonios felices, palabras como "comunidad" y "excelencia". Lo que necesitas no es eso. Necesitas saber qué es realmente esta escuela, en números que puedas comparar, para decidir si merece un lugar serio en la lista de tu hijo.

Por Francisco CantúConsejero de admisiones y ayuda financiera
3,015 palabras14 min de lecturaIPEDS 2022–23
En este artículo

Este artículo hace eso con Benedictine University, en Lisle, Illinois. No te va a decir si es la escuela correcta para tu familia —eso nadie más que ustedes puede saberlo—. Pero sí te va a dar el mapa de lo que los datos federales permiten ver: quién estudia ahí, cuánto cuesta, qué tan difícil es entrar, y qué pasa con los estudiantes después de que entran.

Quién es esta universidad

Benedictine University es una institución privada sin fines de lucro, de cuatro años, que llega hasta el doctorado. El sistema federal que clasifica a las universidades de Estados Unidos (Carnegie) la marca como una universidad de maestría, con programas grandes. Eso te dice el tamaño de su ambición académica: no es un colegio chico de un solo nivel, es una institución que ofrece licenciatura y también posgrado.

Con un dato importante detrás: Carnegie la describe, según su clasificación basada en 2019-20, como principalmente no residencial. Esa etiqueta se activa cuando menos de 25 de cada 100 estudiantes de pregrado vivían en vivienda de la institución, o cuando menos de la mitad estudiaba tiempo completo —el dato no dice cuál de las dos condiciones se cumplió, y tampoco significa que no haya dormitorios—. Si tu hijo va a ir y venir todos los días, lo que hay que sumar en el presupuesto real no es sólo la colegiatura: es el camión, la gasolina y las horas de camino.

Hay otro dato de Carnegie, de 2021, que vale la pena que anotes si tu hijo viene de otra universidad: esta escuela está entre las instituciones que reciben muchos estudiantes transferidos. Eso no dice con cuántos créditos llegan ni cuántos se pierden en el cambio. Si esa es la ruta de tu hijo, pide por escrito, antes de inscribirse, qué materias le van a contar y cuáles no.

Dónde está. Benedictine University queda en Lisle, Illinois, condado de DuPage, dentro del área metropolitana de Chicago-Naperville-Elgin. El código censal la ubica en un suburbio: dentro de la zona urbanizada, pero fuera de la ciudad principal. Si tu hijo piensa vivir en casa, no confíes en lo que diga el mapa: maneja la ruta un día entre semana, a la hora exacta de sus clases. El tiempo real casi nunca es el que promete Google Maps.

Sobre designaciones especiales: Benedictine University no aparece como universidad históricamente afroamericana (HBCU), ni como universidad tribal, ni como institución land grant. De las 3,012 universidades de este directorio, 138 traen alguna de esas tres etiquetas; ésta no trae ninguna. Eso no dice a qué estudiantes atiende ni cómo se va a sentir tu hijo ahí dentro. Eso se pregunta directamente: qué centros culturales existen hoy, qué organizaciones estudiantiles hay, y —si puedes— habla con alguien que ya estudie ahí.

El tamaño real de la comunidad

Benedictine University tenía 2,989 estudiantes inscritos en el conteo oficial de otoño más reciente. Es una escuela de tamaño mediano —entre 1,000 y 4,999 estudiantes—, y comparada con otras 941 escuelas privadas selectivas de cuatro años de este censo, su tamaño es de los más comunes: ni de las grandes ni de las chicas.

Pero ese número grande esconde algo que sí importa: se reparte en 1,842 estudiantes de pregrado y 1,147 de posgrado. Si tu hijo va entrando a la carrera, el número que le toca es 1,842, no el total de casi 3,000. Buena parte de esta escuela es gente que ya terminó una licenciatura y está haciendo un posgrado.

¿Quién más está en el salón? En el pregrado, 21 de cada 100 estudiantes se reportaron como hispanos o latinos en el otoño de 2023. Comparado con otras 941 escuelas privadas selectivas parecidas, esa cifra queda en el cuarto de arriba: tres de cada cuatro escuelas de ese grupo reportaron una proporción igual o menor. No son mayoría, pero tampoco un caso raro. Eso sí, esa comparación no descuenta en qué parte del país está la escuela —y aquí, cerca de Chicago, eso pesa—.

El resto del retrato: entre hombres y mujeres está casi parejo, 48 de cada 100 son mujeres. Los adultos de 25 a 64 años son minoría, sólo 8 de cada 100. Y 75 de cada 100 estudiantes de nuevo ingreso reportaron vivir en Illinois al momento de solicitar. Es, sobre todo, una comunidad local.

Cómo funciona el año académico

El calendario es de semestres: dos periodos largos de unas 15 semanas cada uno. La escuela declaró ante el gobierno que acepta dos vías de crédito previo: exámenes AP y lo que IPEDS llama crédito por experiencia de vida —estudio independiente, experiencia laboral, licencias, certificaciones, incluso entrenamiento militar—. También matricula estudiantes de high school en cursos universitarios con crédito, dentro de un programa formal de dual enrollment.

Aquí va una verdad dura que te ahorra un dolor de cabeza: que digan que aceptan AP no significa que le den crédito por cualquier examen. No dice cuántos puntos piden, cuántos créditos otorgan, ni si esos créditos cuentan para la carrera exacta de tu hijo. Pide la evaluación de equivalencias por escrito antes de inscribirse. No presupuestes el ahorro hasta tenerla en la mano.

¿Qué se estudia ahí? En el año más reciente reportado, la escuela entregó 537 títulos de licenciatura, repartidos en 23 familias de carreras. Pero la oferta no está pareja: negocios y administración concentró 192 de esos 537 títulos, es decir, 36 de cada 100. Comparada con 942 escuelas parecidas, tiene una de las ofertas más amplias en número de familias de carrera presentes. Aun así, "23 familias" no son 23 carreras con estudiantes activos —una fila puede reportar cero—. Si tu hijo tiene una carrera específica en mente, pregunta por ella directamente, no por el catálogo general.

Sobre el tamaño de los grupos. La razón oficial es de 13 estudiantes por cada profesor de tiempo completo equivalente. Es una razón baja en términos generales, pero comparada con escuelas parecidas queda por encima de la mediana —no en el grupo más bajo—. Y ojo: este número no dice el tamaño real de un salón de clases. Es un promedio institucional, no una promesa sobre la clase de primer año de tu hijo.

Lo que la escuela dice que ofrece más allá del salón

Benedictine University reporta varios caminos académicos estructurados: estudio en el extranjero, investigación de pregrado junto a un profesor, un programa completo que se puede cursar sólo de noche o fines de semana, educación de desarrollo (con y sin crédito), y programas de preparación y certificación para quien quiere ser maestro. Que la escuela reporte estas oportunidades no dice cuántos lugares hay, cuánto cuestan, ni si tu hijo calificaría. Son puertas que existen; entrar por ellas requiere preguntar.

Cómo es entrar

Benedictine University no tiene admisión abierta: hay piezas que revisa antes de decir sí. De nueve consideraciones posibles, sólo una es obligatoria: el promedio de la preparatoria. Otras cosas suman si las envías —el lugar en tu generación, haber llevado el plan de materias que piden, el ensayo, las cartas de recomendación, un portafolio o examen de habilidades, y el examen de inglés para quien aplique—, pero el reporte no dice cuánto pesa cada una. La tarifa de solicitud, por cierto, es $0.

¿Qué tan selectiva es en realidad? En el ciclo más reciente, de 2,788 solicitantes de primer ingreso, 2,153 recibieron oferta de lugar: 77 de cada 100. Comparada con 942 escuelas privadas selectivas parecidas, esa cifra queda a media tabla, un poco arriba de la mitad. Siete u ocho de cada diez reciben el sí. Eso no la vuelve automática, pero sí le da a tu hijo un motivo real para meter solicitud y no dejarla al último. Recuerda: es la cifra de un solo ciclo. Cuando le toque a tu hijo, revisa el número del año que corresponda.

Y aquí viene algo que confunde a muchas familias: de cada 100 admitidos, sólo 16 terminaron inscribiéndose. No es que la escuela sea mala —el registro federal no dice por qué cada quien eligió lo que eligió—. Es simplemente que recibir la carta no es lo mismo que decidir ir. Lo que otros decidieron no te dice nada sobre lo que a ustedes les van a ofrecer. Espera tu propia carta con el precio neto antes de sacar conclusiones.

Sobre exámenes estandarizados: el SAT y el ACT no son requisito. Menos de 1 de cada 100 estudiantes inscritos entregó puntaje SAT. Esa cifra no dice si el puntaje se usó para admitir, para becas o para nada en absoluto.

Sobre transferencias hacia afuera. De la generación que entró en 2017, sólo 1 de cada 100 se transfirió a otra escuela sin terminar aquí. Es una cifra baja comparada con escuelas parecidas. Que sean pocos los que se van no dice cuántos se gradúan —esa es otra cuenta, y la vemos más adelante.

El precio de lista, sin adornos

En Benedictine University, entre 69 estudiantes de primera entrada y tiempo completo, que buscaban una credencial y recibieron ayuda federal Title IV cuyos expedientes EFC registraban ingreso familiar de menos de $30,000, el precio neto promedio fue de $19,282. Entre 50 estudiantes de la misma población con ingreso EFC familiar de $48,001 a $75,000 fue de $23,587; entre 85 estudiantes con ingreso EFC familiar de más de $110,000, de $28,307. Para estudiantes dependientes, la banda suma el ingreso de sus padres y el suyo.

La diferencia entre el promedio de la banda de menos ingreso (69 estudiantes) y el de la banda de más (85 estudiantes) es de $9,025. Entre los de primer año que recibieron alguna beca, el promedio quedó en $24,570.

$19,282 fue el precio neto promedio de las familias de menos ingreso en el año académico 2022-23. Eso no quiere decir que sea lo que va a pagar tu familia. Sirve para saber si vale la pena pedir la carta de ayuda.

Ninguna de estas cifras es una cotización para tu hijo. Las bandas por ingreso de esta ficha describen a estudiantes de primera entrada y tiempo completo que buscaban una credencial y recibieron ayuda federal Title IV; en las instituciones públicas usan la tarifa estatal o distrital. El promedio general con beca, cuando aparece, describe a estudiantes de primera entrada y tiempo completo que buscaban una credencial y recibieron becas o subvenciones federales, estatales, locales o institucionales. La cifra que manda es la carta de ayuda que te llegue a ti. Mientras tanto, corre la calculadora de precio neto en el sitio de la escuela.

Cómo se paga: becas, préstamos y ayuda

95 de cada 100 estudiantes de esta escuela reciben alguna beca o ayuda que no se devuelve. Aquí, recibir algo es lo normal, no la excepción. Entre quienes la reciben, el promedio del año fue $19,608. Y 39 de cada 100 estudiantes reciben la beca Pell, la ayuda federal para familias de bajos ingresos.

No leas un número alto como una promesa personal. Es lo que pasó con otros estudiantes en un año específico. Pide por escrito qué solicitudes hay que llenar, las fechas límite, y qué pasa con la beca si las calificaciones bajan.

Sobre préstamos. 49 de cada 100 estudiantes de pregrado tomaron un préstamo federal ese año. De los que pidieron, cada uno se llevó $6,440 en promedio. Aquí financiar con deuda es lo común, no la excepción. Si tu hijo pidiera algo parecido cada año durante los cuatro años de la carrera, la suma rondaría los $25,760, sin contar intereses. Esa cuenta se hace antes de la primera firma, no al final. Y recuerda: ese promedio es sólo de préstamos federales a nombre del estudiante. No incluye lo que pidieran los papás, tarjetas de crédito, ni la deuda total con la que tu hijo saldría graduado —ese número no está en este reporte.

La institución también ofrece un plan de pago de colegiatura en plazos, por si ayuda a organizar el flujo del año.

Vida en el campus, deporte y apoyos

Benedictine sí tiene vivienda propia, y no obliga a todos los estudiantes de primer ingreso a vivir ahí —eso niega una obligación universal, no dice que ningún programa la tenga—. También ofrece planes de comida, aunque el número de comidas por semana varía según el plan elegido. La capacidad máxima reportada de vivienda es de 498 estudiantes. Que haya cuarto no garantiza una cama disponible: pide la tarifa del año, la fecha límite de solicitud, y si te aseguran lugar o entras a lista de espera.

Sobre ROTC: la escuela reporta oportunidad con la rama del Ejército (Army). No aparecen marcadas Marina ni Fuerza Aérea. Que no aparezcan no significa que sean imposibles, significa que hay que preguntar directamente.

En deportes, Benedictine compite a nivel intercolegial y está afiliada tanto a la NCAA como a la NAIA, con membresía reportada en fútbol, baloncesto, béisbol y campo traviesa o atletismo de pista. Si a tu hijo le interesa jugar, escríbele directamente al entrenador: pregunta si hay lugar, en qué división compiten, y si esa disciplina da beca.

Sobre educación a distancia: la ofrece en pregrado y posgrado, pero sólo 5 de cada 100 estudiantes de pregrado llevan todas sus clases en línea. El resto toma al menos una clase presencial.

La biblioteca opera con personal contratado y su gasto anual pasa el umbral de $100,000 que rastrea el gobierno; tiene colección física y digital, y préstamo entre bibliotecas. Y entre los apoyos reportados: orientación académica y profesional combinada, servicios de empleo para estudiantes actuales y para egresados, participación en el programa Yellow Ribbon para veteranos, punto de contacto dedicado para familias militares, y una página publicada de servicios para estudiantes con discapacidad.

Lo que pasa con los estudiantes: quedarse, avanzar, graduarse

Aquí es donde conviene sentarse con calma, porque estas cifras son las que más pesan en una decisión.

De la generación que entró en 2022 de tiempo completo y primer ingreso —415 estudiantes—, 69 de cada 100 seguían inscritos aquí o ya se habían graduado un año después. Comparado con escuelas privadas selectivas parecidas, esta cifra queda en la parte de abajo: siete de cada diez de esas escuelas retuvo una proporción mayor de su cohorte. Esta tasa no separa quién sigue inscrito de quién ya se graduó, ni explica el destino del resto. No aparecer retenido no significa que alguien se haya rendido: pudo transferirse, pausar, o cambiar de rumbo por razones que este dato no capta.

La graduación, con dos plazos distintos. De los 420 estudiantes que entraron en 2017 de tiempo completo, 214 tenían título de esta escuela seis años después: 51 de cada 100. Casi mitad y mitad. Con el plazo de cuatro años la cifra baja a 38 de cada 100 —una brecha de 13 puntos que muestra cuántos necesitaron tiempo extra—. Comparada con escuelas parecidas, queda por debajo de la mitad del grupo.

No es una sentencia sobre tu hijo. Es el resultado histórico de una generación completa. Antes de decidir, pregunta directamente qué apoyos concretos ofrece la escuela para terminar a tiempo, y cuánto tarda en promedio la carrera específica que le interesa.

El corte de ocho años cuenta algo más. De una cohorte de 1,182 estudiantes que entraron entre julio 2015 y junio 2016 —incluyendo tiempo parcial y quienes ya tenían estudios previos—, 58 de cada 100 tenían título o certificado de esta escuela ocho años después. Entre quienes recibieron beca Pell, la cifra baja a 52 de cada 100, diez puntos menos que quienes no la recibieron. Y entre quienes entraron como primer ingreso de tiempo completo específicamente, la cifra fue 48 de cada 100, también más baja que el promedio amplio.

Esa diferencia con los estudiantes Pell vale la pena preguntarla directamente en la escuela: qué consejería tienen asignada, si hay ayuda de emergencia disponible, y si las becas internas se renuevan año con año. Pide que te lo contesten por escrito.

Lo que tú decides, lo que decide tu hijo, lo que decide la escuela

A la escuela le toca admitir, ofrecer ayuda, y decir con claridad qué pide. A tu hijo le toca estudiar, explorar, escribir su ensayo, y hacerse cargo de su parte del proceso. A ti no te toca vivir su vida universitaria. Pero sí te toca entender el dinero de la familia, leer la carta de ayuda con calma, hacer las preguntas incómodas antes de firmar, y acompañar sin quitarle a tu hijo la responsabilidad que ya es suya.

Ahora ya conoces, con números reales y no con folletos, qué clase de universidad es Benedictine University: mediana, selectiva pero accesible, con presencia latina notable para su tipo de escuela, con un precio de lista alto pero un precio neto que no se dispara tanto entre familias de distinto ingreso, y con resultados de graduación que rondan la mitad de cada generación.

Esto es una pieza del mapa, no el mapa completo. Júntala con lo que tu hijo quiere estudiar, con lo que ha construido hasta ahora, y con lo que tu familia puede y está dispuesta a pagar. De esa combinación —y no de esta lista sola— nace un plan real.

Nota de fuente: la información de este artículo proviene de IPEDS y del Departamento de Educación de Estados Unidos, con datos de los reportes más recientes disponibles (principalmente ciclos 2022-23 y 2023-24, y cohortes históricas de retención y graduación según se indica). Best College Aid no representa a Benedictine University ni al gobierno de Estados Unidos; este artículo es un recurso informativo, no una asesoría de admisión personalizada.

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