Guía universitaria

Stephen F Austin State University: tasa de admisión, requisitos y graduación

Stephen F Austin State University: lo que dicen sus números y lo que tú decides con ellos

Stephen F Austin State University en datos

Datos federales · IPEDS
Tasa de admisión
88.3 %

11,112 admitidos de 12,591 solicitantes · estudiantes de pregrado de primer ingreso que buscan título o certificado · otoño 2023

Colegiatura y cuotas
$10,600 / $20,680

estatal / fuera del estado, precio publicado por año · estudiantes de pregrado de primer ingreso y tiempo completo · 2023–24

Precio neto promedio · ingreso familiar $0–$30K
$11,426/año

después de becas y ayudas · estudiantes de pregrado de primer ingreso, tiempo completo, que buscan título o certificado y recibieron ayuda federal (Title IV), con colegiatura estatal o del distrito · 2022–23 · cada nivel de ingreso

Tasa de graduación
52 %

obtuvo una licenciatura o equivalente en 6 años (150 % del tiempo normal) · subcohorte ajustada 2017 de estudiantes de primer ingreso y tiempo completo que buscan licenciatura · cohorte 2017 · IPEDS 2023

SAT / ACT
Opcional

no es obligatorio; se considera si lo envías · solicitantes de primer ingreso a pregrado · otoño 2023

Más datos
GPA de preparatoria
Se considera si lo envías

cómo usa el GPA de preparatoria en la admisión · solicitantes de primer ingreso a pregrado · otoño 2023

SAT lectura y escritura
500–590

percentil 25–75 · estudiantes de primer ingreso inscritos que buscan título o certificado y enviaron el SAT · otoño 2023 (50 % envió el SAT)

SAT matemáticas
480–570

percentil 25–75 · estudiantes de primer ingreso inscritos que buscan título o certificado y enviaron el SAT · otoño 2023

ACT compuesto (mediana)
21

estudiantes de primer ingreso inscritos que buscan título o certificado y enviaron el ACT · otoño 2023

Tasa de retención
71 %

se volvió a inscribir el otoño siguiente, de tiempo completo o parcial · cohorte ajustada de otoño 2022 de estudiantes de primer ingreso y tiempo completo que buscan licenciatura · otoño 2022 → otoño 2023

Cuota de solicitud
$45

cuota de solicitud de pregrado · 2023–24

Estudiantes hispanos o latinos de pregrado
23 %

estudiantes de pregrado · otoño 2023 · describe quién estudia aquí, no el apoyo que recibirá un estudiante

Fuente: Departamento de Educación de EE. UU., IPEDS. Cada cifra indica a quién cuenta y de qué año. Cómo usamos estos datos

Hay un momento, cuando empiezas a mirar universidades con tu hijo, en que las cifras se sienten como un idioma que nunca te enseñaron. Tasas de admisión, precio neto, retención, cohortes ajustadas. Nadie te dio el manual. Y sin embargo tienes que tomar decisiones de dinero y de futuro con ese idioma a medias.

Por Francisco CantúConsejero de admisiones y ayuda financiera
3,328 palabras15 min de lecturaIPEDS 2022–23
En este artículo

Este artículo es mi intento de traducirte, con la mayor honestidad posible, lo que los datos oficiales del gobierno de Estados Unidos dicen sobre Stephen F Austin State University, en Nacogdoches, Texas. No te va a decir si es la universidad correcta para tu hijo. Eso depende de tres cosas que sólo tú y tu familia pueden juntar: lo que la universidad realmente es, lo que tu hijo quiere y ha construido, y lo que ustedes pueden pagar. Aquí trabajamos la primera pieza, a fondo, sin adornos y sin miedo.

Quién es Stephen F Austin State University

Empecemos por lo básico: qué tipo de escuela es. Stephen F Austin State University es una universidad pública, de cuatro años o más, y el sistema federal la clasifica en su nivel más alto reportado como una institución que llega hasta el doctorado. Eso es un dato institucional; no significa que la carrera que le interesa a tu hijo llegue hasta ese nivel, ni que exista una ruta continua entre su licenciatura y un posgrado ahí mismo. Si la conexión entre pregrado y posgrado en su área importa para tu plan, pregúntala directamente.

La clasificación Carnegie —el sistema que ordena a las universidades del país por lo que hacen— la describe como una universidad de maestría con programas grandes, de cuatro años, de talla grande y principalmente residencial: en el periodo que Carnegie usó para esta etiqueta, entre 25 y 49 de cada 100 estudiantes de pregrado que buscaban título vivían en vivienda de la institución, y al menos la mitad estudiaba tiempo completo. Es, en otras palabras, una escuela pensada para que los muchachos vivan ahí, no sólo para que tomen clases y se vayan.

Un dato interesante para quien piense llegar por transferencia: Carnegie la coloca entre las instituciones a las que llegan muchos estudiantes transferidos. Eso no dice con cuántos créditos entran ni cuántos se pierden en el camino. Si tu hijo piensa transferirse aquí después de estudiar en otro lado, pide por escrito qué materias le van a contar y cuáles no, antes de dar por hecho nada.

Tres etiquetas que a veces las familias buscan y que aquí no aparecen: Stephen F Austin no es universidad históricamente afroamericana, no es universidad tribal y no es institución land grant. Que no traiga ninguna de estas tres designaciones no dice a qué comunidades atiende ni cómo se va a sentir tu hijo ahí. Eso se pregunta directamente, hablando con quien ya estudia en el campus.

Dónde queda, y por qué eso importa antes de todo lo demás

Nacogdoches está en el condado del mismo nombre, en un entorno de pueblo remoto, lejos de cualquier zona urbana grande. No es una crítica ni un elogio: es una coordenada que cambia la vida diaria de un estudiante.

Si tu familia no vive cerca, este dato por sí solo no te dice cuánto dura el trayecto ni qué tan aislado se sentiría tu hijo. Pero sí te dice algo que conviene planear con tiempo: hay que asumir, casi con certeza, que se va a mudar. Calcula por separado dónde viviría y cómo llegaría al campus, porque eso es un costo y una logística que el precio de colegiatura no incluye.

Una comunidad grande, mayoritariamente local, con presencia latina clara

Stephen F Austin inscribió 10,888 estudiantes en el conteo oficial de otoño más reciente: 9,575 en pregrado y 1,313 en posgrado. Es, sobre todo, una escuela de carrera de licenciatura. El gobierno la coloca en la banda de 10,000 a 19,999 estudiantes, un tamaño grande, aunque comparada con universidades similares queda a media tabla: ni de las más grandes ni de las más chicas.

Ese tamaño total no te dice nada del tamaño de las clases. Son cosas distintas. Si eso te importa —y a muchas familias les importa mucho—, pide el número de alumnos por clase en primer año y en la carrera específica que le interesa a tu hijo.

Dentro del pregrado, 23 de cada 100 estudiantes se reportaron como hispanos o latinos. No es mayoría, pero está lejos de ser un caso raro: comparada con más de 500 universidades públicas similares en todo el país, queda en el cuarto más alto en presencia hispana o latina. Hay más mujeres que hombres —62 de cada 100— y los estudiantes adultos, de 25 a 64 años, son minoría clara: 11 de cada 100. Y algo que vale la pena saber si tu hijo piensa quedarse cerca de casa o irse lejos: 98 de cada 100 estudiantes de nuevo ingreso reportaron una dirección permanente en Texas al momento de solicitar. Es, en términos de procedencia, una escuela mayoritariamente del propio estado.

Cómo funciona el año académico y qué hacer con lo que tu hijo ya trae aprendido

El calendario es de semestres: dos periodos largos, de unas 15 semanas cada uno, con fechas parejas para todos.

La universidad declaró que acepta crédito de exámenes AP y también lo que IPEDS llama crédito por experiencia de vida —aprendizaje adquirido por estudio independiente, cursos para adultos, experiencia laboral, portafolio, licencias previas u oportunidades militares o profesionales—, así como crédito por entrenamiento militar. También matricula estudiantes de high school en cursos universitarios con crédito dentro de un programa formal de dual enrollment.

Aquí va la parte que de verdad importa: que la escuela declare que acepta AP no significa que le vaya a dar crédito por cualquier examen. No sabemos cuántos puntos piden ni si esos créditos cuentan para la carrera específica de tu hijo. Pide la evaluación de equivalencias por escrito antes de inscribirse. No presupuestes el ahorro de tiempo o dinero hasta tenerla en la mano.

Entre julio de 2022 y junio de 2023, la universidad entregó 2,107 títulos de licenciatura, repartidos en 24 familias de programas académicos. Ninguna se lleva la mayor parte del pastel: la más grande, negocios y administración, representó apenas 20 de cada 100 títulos del año. Comparada con escuelas similares, está en el cuarto con oferta más ancha. Esto no significa 24 carreras exactas ni que todas tengan matrícula activa hoy —algunas familias de programas pueden reportar cero títulos ese año—, pero sí describe una oferta académica repartida, no concentrada en dos o tres áreas.

La razón entre estudiantes y personal de instrucción es de 15 a 1, una cifra de en medio comparada con escuelas similares: ni de las más bajas ni de las más altas. Este número por sí solo no decide el tamaño de las clases de tu hijo; sólo dice cómo se arma la cuenta institucional completa.

La institución también reporta oportunidades estructuradas: estudio en el extranjero, educación de desarrollo sin crédito, y rutas de preparación y certificación para quien quiera ser maestro, incluyendo aprobación estatal para certificación docente inicial.

Entrar: qué pide, qué tan probable es, y qué tan probable es que tu hijo diga que sí

Aquí hay tres preguntas distintas que las familias suelen mezclar: qué tan selectiva es, qué tan fácil es entrar, y qué tan probable es que el admitido decida inscribirse. Son tres cosas separadas.

Qué pide. Stephen F Austin no tiene admisión abierta: revisa piezas antes de decir que sí. De nueve consideraciones posibles, marcó tres como obligatorias: el expediente de la prepa, el lugar que tu hijo ocupó en su generación, y el examen de dominio del inglés para quien le aplica. El promedio de la prepa y haber cursado el plan de materias que la universidad pide se toman en cuenta, aunque no sean obligatorios. La tarifa de solicitud es $45.

Si tu hijo estudió fuera de Estados Unidos o hizo la prepa en español, pregunta desde hoy si le aplica el examen de dominio del inglés y qué lo exentaría. Es de esas cosas que se descubren tarde, cuando ya no hay tiempo cómodo para resolverlas.

Qué tan probable es entrar. En el ciclo más reciente reportado, llegaron 12,591 solicitudes de primer ingreso y se ofrecieron 11,112 lugares. Son 88 de cada 100. Es una tasa de admisión alta, un poco por arriba de la mitad comparada con universidades similares. Aun así, 1,479 solicitantes se quedaron sin oferta. Que entrar sea probable no vuelve fácil lo que sigue: ese porcentaje no dice nada sobre el costo, sobre cuántos terminan la carrera, ni si el programa específico que le interesa a tu hijo tiene su propio filtro adicional.

Sobre exámenes: el SAT y el ACT no son requisito. Si se envían, se consideran; si no, la solicitud sigue su curso igual. De los estudiantes que sí se inscribieron, la mitad entregó SAT, con la mitad de en medio entre 500 y 590 en lectura y escritura, y entre 480 y 570 en matemáticas. Ese rango describe a quienes ya estaban dentro y mandaron puntaje, no a todos los solicitantes. No es un mínimo ni una garantía.

Qué tan probable es que el admitido se inscriba. Aquí viene el número que más sorprende a las familias: de cada 100 admitidos, sólo 19 terminaron matriculándose en el otoño más reciente. Es una cifra común entre universidades similares, ni alta ni baja. No lo leas como una mancha sobre la escuela: la mayoría de los admitidos simplemente eligió otra cosa, y el registro federal no dice por qué. Lo que sí te digo es esto: lo que otros decidieron no te dice qué le van a ofrecer a tu hijo. Espera su carta con el precio neto —lo que de verdad costaría el año— antes de decidir si esta escuela se queda en la lista.

Transferencias: se van bastantes, y llegan bastantes

Siguiendo a la generación que entró en 2017 buscando licenciatura, 29 de cada 100 se transfirieron a otra institución sin haber completado la carrera aquí. Es una proporción del lado alto comparada con escuelas similares: siete de cada diez universidades parecidas vieron irse a una proporción igual o menor.

Al mismo tiempo, la puerta de entrada por transferencia también está activa: 681 estudiantes llegaron a Stephen F Austin en el conteo más reciente después de haber estudiado antes en otra institución.

Hay una cuenta que casi ninguna familia conoce y que aquí pesa mucho: el estudiante que se transfiere no cuenta como graduado de esta escuela, aunque termine su carrera en cualquier otro lado. Guarda esto en la mente cuando compares tasas de graduación entre universidades, porque no siempre miden lo mismo que tú crees que miden.

El precio: dos números, y una brecha que no puedes ignorar

En Stephen F Austin State University, entre 360 estudiantes de primera entrada y tiempo completo, que buscaban una credencial, recibieron ayuda federal Title IV y pagaron la tarifa estatal o distrital cuyos expedientes EFC registraban ingreso familiar de menos de $30,000, el precio neto promedio fue de $11,426. Entre 196 estudiantes de la misma población con ingreso EFC familiar de $48,001 a $75,000 fue de $14,068; entre 261 estudiantes con ingreso EFC familiar de más de $110,000, de $21,940. Para estudiantes dependientes, la banda suma el ingreso de sus padres y el suyo.

La diferencia entre el promedio de la banda de menos ingreso (360 estudiantes) y el de la banda de más (261 estudiantes) es de $10,514. Entre los de primer año que recibieron alguna beca, el promedio quedó en $15,498.

$11,426 fue el precio neto promedio de las familias de menos ingreso en el año académico 2022-23. Eso no quiere decir que sea lo que va a pagar tu familia. Sirve para saber si vale la pena pedir la carta de ayuda.

Las bandas por ingreso de esta ficha describen a estudiantes de primera entrada y tiempo completo que buscaban una credencial y recibieron ayuda federal Title IV; en esta institución pública usan la tarifa estatal o distrital. El promedio general con beca, cuando aparece, describe a estudiantes de primera entrada y tiempo completo que buscaban una credencial y recibieron becas o subvenciones federales, estatales, locales o institucionales; también usa esa tarifa. Si tu familia vive fuera del estado o del distrito, la cuenta es otra. Pregúntala antes de aplicar.

La ayuda que sí llega, y la deuda que hay que mirar de frente

Setenta de cada 100 estudiantes que buscan título o certificado recibieron algún tipo de ayuda que no se devuelve —beca o subvención—, con un promedio de $8,676 al año entre quienes la recibieron. Cuarenta y uno de cada 100 recibieron beca Pell, la ayuda federal dirigida a familias de bajos ingresos.

Ten cuidado con una confusión común: el porcentaje de quiénes reciben ayuda y el promedio de cuánto reciben no se multiplican entre sí. Son dos cuentas con denominadores distintos.

En cuanto a préstamos: 43 de cada 100 estudiantes de pregrado pidieron préstamo estudiantil federal en el año escolar más reciente reportado, con un promedio de $6,547 por estudiante ese año. Es una proporción común entre escuelas similares, ni de las más altas ni de las más bajas. Ese promedio es de un solo año y sólo cubre préstamos federales a nombre del estudiante; no incluye préstamos Parent PLUS que a veces firman los papás, ni deuda de banco, ni la deuda acumulada al graduarse. Este porcentaje habla de otras familias, no de la tuya. Lo que tu hijo tendría que pedir sale únicamente de su propia carta de ayuda financiera. Espérala antes de descartar la escuela y antes de comprometerte con ella.

La universidad también reporta mecanismos formales para pagar: plan de colegiatura garantizada, plan de colegiatura prepagada, pagos en plazos, y participación en un programa tipo Promise. Vale la pena preguntar por cada uno con nombre y apellido.

Vida en el campus: vivienda, ROTC, deportes, y lo que hay que confirmar con nombre propio

Stephen F Austin tiene vivienda controlada por la institución, con capacidad reportada para 3,911 estudiantes. Ningún estudiante de tiempo completo y primera entrada está obligado a vivir ahí como regla general, aunque eso no descarta que algún programa específico sí lo exija. También ofrece planes de comida, aunque el número de comidas por semana varía según el plan elegido. Que exista vivienda no garantiza una cama disponible: pide por escrito la tarifa del año, la fecha límite de solicitud, y si te aseguran lugar o entras a lista de espera.

Hay oportunidad de ROTC, y la única rama confirmada por escrito es el Ejército (Army). Marina y Fuerza Aérea no aparecen marcadas en el reporte. No confirmada no significa imposible; significa que hay que preguntar directamente.

En deportes, la universidad compite a nivel intercolegial y está afiliada a la NCAA, con membresía reportada en fútbol, baloncesto, béisbol y campo traviesa o atletismo de pista. Esto no dice en qué división compite cada disciplina ni si hay beca disponible para tu hijo. Si el deporte es parte del plan, escribe directamente al entrenador y pide la respuesta por escrito.

La universidad ofrece educación a distancia en pregrado y posgrado. En el conteo más reciente, 15 de cada 100 estudiantes de pregrado llevaban toda su carga en línea, y 85 llevaban al menos una clase presencial. También reportó ofrecer al menos un programa completo a distancia, aunque el reporte no especifica en qué nivel; si esto importa para el plan de tu hijo, confirma la carrera exacta.

La biblioteca cuenta con personal contratado, material físico y digital, y participa en préstamo entre bibliotecas. Y la universidad reporta servicios de orientación académica y profesional, apoyo de colocación laboral, un punto de contacto para veteranos y militares, una organización estudiantil de veteranos, y una página dedicada a servicios para personas con discapacidad. Que estén reportados no dice qué tan accesibles o efectivos son en la práctica: eso se pregunta directamente, hablando con la oficina correspondiente.

Persistencia y graduación: los números que de verdad definen el riesgo

Aquí llegamos a la parte más dura, y te la voy a decir de frente, sin acolchonarla.

De la generación que entró de tiempo completo en el otoño de 2022 buscando licenciatura, 71 de cada 100 seguían inscritos ahí o ya se habían graduado un año después. Comparado con universidades similares, esta cifra queda en la parte de abajo: siete de cada diez escuelas parecidas retuvieron una proporción mayor de su primera generación. Este número no separa a quienes siguen estudiando de quienes ya se graduaron, ni explica qué pasó con el resto.

De la generación que entró en 2017, 52 de cada 100 tenían título de esta universidad seis años después. Con el plazo de cuatro años, la cifra baja a 38 de cada 100. Comparado con escuelas similares, ambos resultados quedan por debajo de la mitad del grupo. Es, dicho sin rodeos, casi mitad y mitad: la mitad de esa generación se graduó de ahí en seis años, la otra mitad no. El reporte cuenta resultados, no las razones detrás de cada historia individual. Y recuerda lo que vimos antes sobre transferencias: el estudiante que se fue a terminar su carrera en otra escuela no cuenta aquí como graduado, aunque sí se haya graduado.

Con una ventana más amplia —ocho años, siguiendo a una cohorte que entró en 2015-16 incluyendo transferidos y estudiantes de tiempo parcial— 57 de cada 100 tenían un título o certificado de esta escuela. Entre quienes recibieron beca Pell, la cifra fue de 52 de cada 100, ocho puntos por debajo de quienes no la recibieron. Ambos resultados quedan por debajo de la mitad de universidades similares.

Ninguna de estas cifras predice lo que le va a pasar a tu hijo. Son promedios institucionales de generaciones completas, con sus propias historias, apoyos y decisiones. Lo que sí te dan es una pregunta concreta que puedes llevar directamente a la universidad: qué apoyos existen para que un estudiante termine a tiempo, y qué hay específicamente para estudiantes con beca Pell —consejero asignado, ayuda de emergencia, renovación anual de la beca interna. Pide que te lo contesten por escrito.

Lo que sigue siendo tuyo

Ahora conoces, con bastante profundidad, una de las tres piezas del plan: lo que Stephen F Austin State University realmente es y ofrece, según lo que el gobierno federal registra sobre ella. No es poca cosa. Sabes su precio de lista y su precio neto por banda de ingreso, sabes qué tan probable es entrar y qué tan probable es que un admitido se quede, sabes cómo se comportan la retención y la graduación, y sabes qué preguntas todavía te faltan por hacer.

Faltan las otras dos piezas, y esas no las tiene ningún reporte federal: lo que tu hijo quiere estudiar y lo que ha construido hasta ahora, y lo que tu familia puede y está dispuesta a pagar. Cuando juntes las tres, vas a tener no una cifra suelta, sino un plan.

A tu hijo le toca decidir su carrera, esforzarse, preguntar, construir su historia. A ti te toca entender el dinero, leer la carta con calma, hacer las preguntas incómodas antes de firmar nada, y acompañarlo sin cargar tú solo con lo que le corresponde a él. No es un camino que se recorre solo, ni uno que se recorra por otro.

Nota de fuente: la información de este artículo proviene de IPEDS (Integrated Postsecondary Education Data System) y de reportes públicos del Departamento de Educación de Estados Unidos, con datos de distintos años señalados a lo largo del texto. Best College Aid no representa a Stephen F Austin State University ni a ninguna agencia gubernamental; esta pieza organiza información pública para ayudar a las familias a entenderla.

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