Guía universitaria

Texas A&M University-San Antonio: tasa de admisión, requisitos y graduación

Texas A&M University-San Antonio: lo que dicen los números y lo que le toca decidir a tu familia

Texas A&M University-San Antonio en datos

Datos federales · IPEDS
Tasa de admisión
92 %

7,151 admitidos de 7,773 solicitantes · estudiantes de pregrado de primer ingreso que buscan título o certificado · otoño 2023

Colegiatura y cuotas
$9,548 / $23,124

estatal / fuera del estado, precio publicado por año · estudiantes de pregrado de primer ingreso y tiempo completo · 2023–24

Precio neto promedio · ingreso familiar $0–$30K
$11,412/año

después de becas y ayudas · estudiantes de pregrado de primer ingreso, tiempo completo, que buscan título o certificado y recibieron ayuda federal (Title IV), con colegiatura estatal o del distrito · 2022–23 · cada nivel de ingreso

Tasa de graduación
29 %

obtuvo una licenciatura o equivalente en 6 años (150 % del tiempo normal) · subcohorte ajustada 2017 de estudiantes de primer ingreso y tiempo completo que buscan licenciatura · cohorte 2017 · IPEDS 2023

SAT / ACT
Opcional

no es obligatorio; se considera si lo envías · solicitantes de primer ingreso a pregrado · otoño 2023

Más datos
GPA de preparatoria
Obligatorio

cómo usa el GPA de preparatoria en la admisión · solicitantes de primer ingreso a pregrado · otoño 2023

SAT lectura y escritura
430–540

percentil 25–75 · estudiantes de primer ingreso inscritos que buscan título o certificado y enviaron el SAT · otoño 2023 (39 % envió el SAT)

SAT matemáticas
420–530

percentil 25–75 · estudiantes de primer ingreso inscritos que buscan título o certificado y enviaron el SAT · otoño 2023

ACT compuesto (mediana)
18

estudiantes de primer ingreso inscritos que buscan título o certificado y enviaron el ACT · otoño 2023

Tasa de retención
63 %

se volvió a inscribir el otoño siguiente, de tiempo completo o parcial · cohorte ajustada de otoño 2022 de estudiantes de primer ingreso y tiempo completo que buscan licenciatura · otoño 2022 → otoño 2023

Cuota de solicitud
$30

cuota de solicitud de pregrado · 2023–24

Estudiantes hispanos o latinos de pregrado
71 %

estudiantes de pregrado · otoño 2023 · describe quién estudia aquí, no el apoyo que recibirá un estudiante

Fuente: Departamento de Educación de EE. UU., IPEDS. Cada cifra indica a quién cuenta y de qué año. Cómo usamos estos datos

Cuando uno empieza a mirar universidades con su hijo, hay una tentación constante: buscar el veredicto rápido, el "es buena" o "no es para él" que resuelva todo en una frase. No voy a darte eso aquí, porque no existe. Lo que sí puedo darte es algo más útil: una lectura honesta de lo que Texas A&M University-San Antonio realmente es, según sus propios reportes oficiales, para que tú pongas esa pieza en el lugar que le corresponde dentro del plan de tu familia.

Por Francisco CantúConsejero de admisiones y ayuda financiera
3,325 palabras15 min de lecturaIPEDS 2022–23
En este artículo

Vamos a caminarlo juntos.

Quién es esta universidad y dónde está parada

Texas A&M University-San Antonio es una institución pública de cuatro años. El sistema federal que clasifica a las universidades de este país —Carnegie— la coloca como universidad de maestría, con programas grandes. Eso significa que, aunque el grueso de lo que hace es formar licenciaturas, también ofrece estudios de posgrado: la maestría es el nivel más alto que reporta.

Aquí viene el primer matiz que vale la pena guardar: Carnegie también la describe como una institución "principalmente no residencial". Eso no significa que no haya dormitorios —de hecho, sí los hay, ya lo vamos a ver—. Significa que, según los datos de 2019-20, o bien menos de uno de cada cuatro estudiantes de pregrado vivía en vivienda de la institución, o bien menos de la mitad estudiaba tiempo completo. El reporte no distingue cuál de las dos condiciones se cumplió. Lo que sí queda claro es esto: si tu hijo va a ir y venir desde casa, lo que tienes que presupuestar no es sólo la colegiatura. Es el camión, la gasolina y las horas de camino.

La universidad está en San Antonio, Texas, en el condado de Bexar, dentro del área metropolitana de San Antonio-New Braunfels, en una ciudad de más de 250,000 habitantes. Eso no te dice si el campus queda cerca del centro ni qué tan fácil es la ruta. Si están considerando que viva en casa, mi recomendación es simple: manejen la ruta un día entre semana, a la hora exacta de sus clases. El tiempo real casi nunca es el que marca el mapa.

Una cosa más sobre identidad, porque a veces las familias buscan señales que no están donde uno cree. Texas A&M University-San Antonio no tiene ninguna de estas tres designaciones federales: no es universidad históricamente afroamericana, no es universidad tribal, ni institución land grant. Eso no dice nada sobre a qué comunidades atiende ni cómo se va a sentir tu hijo ahí. Esas preguntas se responden viendo qué centros culturales y organizaciones estudiantiles existen hoy, y hablando con alguien que ya esté estudiando ahí.

Una comunidad donde tu hijo no sería "el único"

Aquí hay un dato que vale la pena subrayar con calma, porque para muchas familias latinas cambia la conversación completa. En el otoño de 2023, 71 de cada 100 estudiantes de pregrado se reportaron como hispanos o latinos. Comparada con las 519 universidades públicas de cuatro años con admisión selectiva que forman parte de este censo, es de las que reportan la proporción más alta: nueve de cada diez de esas escuelas reportaron un número igual o menor.

Si a tu hijo le pesa la idea de sentirse el único en un salón, los números aquí no muestran eso.

Pero —y esto importa— contar no es lo mismo que atender. Que haya muchos estudiantes latinos no te dice si hay consejeros que hablen español, si hay tutorías diseñadas para esa comunidad, ni si esos estudiantes efectivamente terminan la carrera. Es un dato de toda la escuela, no de la carrera específica de tu hijo. Guárdalo como contexto valioso, no como garantía.

El resto del perfil estudiantil también tiene matices útiles: un tercio de los estudiantes de pregrado tiene entre 25 y 64 años, así que esto no es sólo un campus de recién egresados de high school. Hay más mujeres que hombres —65 de cada 100—. Y 98 de cada 100 estudiantes de nuevo ingreso reportaron vivir en Texas al solicitar. Es, sobre todo, una escuela que sirve a su propio estado.

En cuanto a tamaño, con 7,584 estudiantes inscritos —6,706 en pregrado y 878 en posgrado— es una universidad mediana, ni de las chiquitas ni de las gigantes, y queda a media tabla entre sus pares. Con tanto estudiante de tiempo parcial en la mezcla, un consejo práctico: pregunta a qué horas se abren las materias de la carrera que le interesa a tu hijo antes de dar por hecho cómo se va a ver su horario.

Cómo funciona académicamente

El calendario es de semestres: dos periodos largos, de unas 15 semanas cada uno. La universidad declaró que acepta crédito de exámenes AP y también lo que IPEDS llama "crédito por experiencia de vida" —aprendizaje adquirido por estudio independiente, experiencia laboral, portafolios, licencias o certificaciones previas, entre otros caminos—. También reporta que matricula estudiantes de high school en cursos universitarios dentro de un programa formal de dual enrollment, y que acepta crédito por entrenamiento militar.

Aquí va una verdad dura que te ahorrará una sorpresa cara: que la universidad declare que acepta AP no significa que le va a dar crédito por cualquier examen que tu hijo presente. No sabemos cuántos puntos piden ni cuántos créditos otorgan, ni si esos créditos van a contar para la carrera específica que eligió. Pide la evaluación de equivalencias por escrito antes de inscribirse. No presupuestes el ahorro hasta tenerla en la mano.

En cuanto a qué se estudia ahí: en un año, la universidad entregó 1,266 títulos de licenciatura, repartidos en 17 familias de carreras. La más grande fue negocios y administración, con 26 de cada 100 títulos —una porción importante, pero lejos de acaparar todo—. Comparada con escuelas similares, tiene menos familias de carreras representadas que la mayoría de sus pares. Ningún área concentra 30 de cada 100 títulos. Es una oferta repartida, no una escuela de una sola especialidad dominante.

La razón de estudiantes por personal de instrucción es de 19 a 1. Suena a un número medio dentro de la escala general, pero comparada específicamente con universidades de su mismo tipo, queda en el cuarto más alto: tres de cada cuatro escuelas parecidas reportan una razón igual o menor. Las dos lecturas son ciertas al mismo tiempo, y ninguna de las dos te dice el tamaño real de un salón de primer año. Eso no viene en el dato.

La universidad también reporta oportunidades estructuradas: estudio en el extranjero, un programa completo cursable sólo de noche o fin de semana, educación de desarrollo con crédito, y varias rutas relacionadas con certificación docente, incluida la aprobación estatal para certificación docente inicial.

Entrar aquí es accesible. Quedarse es otra pregunta

Vamos a lo que probablemente más te interesa primero: ¿qué tan difícil es entrar?

Texas A&M University-San Antonio no tiene admisión abierta. Revisa piezas específicas antes de decir que sí: el expediente de la prepa, el promedio, el lugar que tu hijo ocupó en su generación, y —si aplica— un examen de dominio del inglés. Esto último merece tu atención ya: si tu hijo estudió fuera de Estados Unidos o hizo su prepa en español, pregunta desde hoy si le corresponde ese examen y qué lo exentaría. Es de esas cosas que se descubren tarde y complican calendarios.

Ahora la cifra central: en el ciclo 2023, de cada 100 personas que solicitaron, 92 recibieron una oferta de lugar. Es una de las universidades más accesibles entre sus pares públicos y selectivos: siete de cada diez escuelas similares aceptan a un porcentaje igual o menor. Aun con esa apertura, 622 de los 7,773 solicitantes se quedaron sin oferta. Entrar completa la solicitud y a tiempo sigue importando.

Pero aquí viene una verdad dura que no puedo suavizar: de cada 100 estudiantes admitidos, solamente 14 se inscribieron. De cada siete que reciben el "sí", más o menos uno termina llegando. Es una proporción baja comparada con escuelas similares. Y quiero ser claro contigo sobre qué significa y qué no significa esto: no es una mancha sobre la calidad de la escuela. El registro federal no explica por qué cada familia decidió lo que decidió. Lo que sí te digo es esto: lo que otras familias decidieron no te dice qué te van a ofrecer a ti. Espera tu propia carta con el precio neto —lo que realmente costaría el año— antes de sacar esta escuela de la lista o de comprometerte con ella.

El SAT y el ACT no son requisito aquí. Si tu hijo los manda, se consideran; si no, la solicitud sigue su curso igual. Entre quienes sí se inscribieron y entregaron SAT —39 de cada 100, una proporción alta comparada con escuelas similares— la mitad de en medio sacó entre 430 y 540 en lectura y escritura, y entre 420 y 530 en matemáticas. Ojo: esos números describen a quienes ya estaban inscritos, no a todos los solicitantes. No son un mínimo que hay que alcanzar ni una garantía de nada.

Un dato más sobre movimiento estudiantil que muchas familias no anticipan: de cada 100 estudiantes que entraron en 2017 buscando una licenciatura, 40 se transfirieron a otra escuela sin terminar aquí. Es de las proporciones más altas entre pares. Al mismo tiempo, la universidad también recibe bastante movimiento en la otra dirección: 723 estudiantes llegaron en 2023 habiendo estudiado antes en otra institución. Aquí hay algo que casi ninguna familia ve venir y que vale la pena que tengas presente: el estudiante que se transfiere no cuenta como graduado de esta escuela, aunque termine su carrera en otro lado. Guarda esto en la mente cuando llegues a la sección de tasas de graduación, más adelante.

El precio de lista, y por qué no es lo que vas a pagar

En Texas A&M University-San Antonio, entre 327 estudiantes de primera entrada y tiempo completo, que buscaban una credencial, recibieron ayuda federal Title IV y pagaron la tarifa estatal o distrital cuyos expedientes EFC registraban ingreso familiar de menos de $30,000, el precio neto promedio fue de $11,412. Entre 128 estudiantes de la misma población con ingreso EFC familiar de $48,001 a $75,000 fue de $14,295; entre 56 estudiantes con ingreso EFC familiar de más de $110,000, de $20,436. Para estudiantes dependientes, la banda suma el ingreso de sus padres y el suyo.

La diferencia entre el promedio de la banda de menos ingreso (327 estudiantes) y el de la banda de más (56 estudiantes) es de $9,024. Entre los de primer año que recibieron alguna beca, el promedio quedó en $13,263.

$11,412 fue el precio neto promedio de las familias de menos ingreso en el año académico 2022-23. Eso no quiere decir que sea lo que va a pagar tu familia. Sirve para saber si vale la pena pedir la carta de ayuda.

Las bandas por ingreso de esta ficha describen a estudiantes de primera entrada y tiempo completo que buscaban una credencial y recibieron ayuda federal Title IV; en esta institución pública usan la tarifa estatal o distrital. El promedio general con beca, cuando aparece, describe a estudiantes de primera entrada y tiempo completo que buscaban una credencial y recibieron becas o subvenciones federales, estatales, locales o institucionales; también usa esa tarifa. Si tu familia vive fuera del estado o del distrito, la cuenta es otra. Pregúntala antes de aplicar.

Cómo se paga: becas, préstamos y las piezas que no debes revolver

En esta universidad, 65 de cada 100 estudiantes recibieron ayuda que no se devuelve —becas y subvenciones—. Es más de la mitad, aunque en el cuarto más bajo comparado con escuelas similares. Entre quienes la recibieron, el promedio anual fue de $6,793.

La beca Pell —ayuda federal para familias de bajos ingresos— le llegó a 52 de cada 100 estudiantes. Es más de la mitad del alumnado, así que pedirla aquí no es cosa rara ni de unos cuantos. Pregunta sin pena qué papeles piden y para cuándo los necesitan.

En el otro lado del balance: 40 de cada 100 estudiantes de pregrado recibieron préstamo estudiantil federal, con un promedio de $7,158 entre quienes pidieron prestado. Es una proporción común, ni de las más altas ni de las más bajas comparada con pares.

Quiero ser honesto contigo sobre algo que las cartas de ayuda financiera a veces confunden a propósito o por descuido: separa a mano, en columnas distintas, lo que no se devuelve, lo que se devuelve con interés, y lo que hay que trabajar. Ese promedio de préstamo de $7,158, además, es sólo de un año y sólo de préstamos federales a nombre del estudiante. No incluye préstamos Parent PLUS que a veces terminan firmando los papás, ni deuda de banco, ni tarjeta. Y no es la deuda total con la que tu hijo saldría al graduarse —eso requeriría sumar varios años, y ese número no está en este reporte.

La universidad también ofrece plan de colegiatura garantizada, plan de pago en plazos, y participa en un programa Promise. Vale la pena preguntar por estas opciones directamente.

Vida en el campus, modalidad y apoyos disponibles

Sí hay vivienda controlada por la institución, con capacidad para 413 estudiantes. La universidad aclaró que no todos los estudiantes de tiempo completo y primer ingreso están obligados a vivir ahí —eso no dice que ningún programa tenga ese requisito, así que vale la pena confirmarlo para la carrera específica de tu hijo—. También hay planes de comida, aunque el número de comidas por semana varía según el plan elegido. Antes de sacar cuarto y comida del presupuesto asumiendo que tu hijo vivirá en casa, pide la regla exacta que aplica a su programa.

Si a tu hijo le interesa ROTC, la universidad reportó dos ramas disponibles: Army y Air Force. Navy no aparece marcada. Que esté reportado no significa automáticamente que se curse en este campus específico —pregúntalo por nombre antes de construir un plan alrededor de esto.

La universidad compite en deporte intercolegial y está afiliada a la NAIA. Eso no te dice qué deportes hay, cuántos lugares existen ni si alguna disciplina ofrece beca. Si esto importa para tu hijo, escríbele directamente al entrenador del deporte que le interesa.

En cuanto a modalidad: sí ofrece educación a distancia en pregrado y posgrado. De cada 100 estudiantes de pregrado, 16 llevan toda su carga en línea, y 84 toman al menos una clase presencial. También reportó tener al menos un programa completo cursable a distancia, aunque el dato no especifica si ese programa es de pregrado o posgrado.

La biblioteca cuenta con personal contratado, gasto anual superior a $100,000, material físico y digital, y préstamo entre bibliotecas. Y la universidad reporta apoyos como orientación académica y profesional combinada, servicios de empleo, un programa de transición para estudiantes con discapacidad intelectual, y apoyos específicos para veteranos y militares, incluida participación en Yellow Ribbon. Que estos servicios estén reportados confirma que existen como estructura; no mide qué tan bien funcionan para un estudiante en particular. Eso se pregunta con nombre y apellido antes de decidir.

Los números que más pesan: quedarse y graduarse

Aquí llegamos a la parte que exige más cuidado, porque son los datos donde más fácil es sacar conclusiones equivocadas.

De cada 100 estudiantes que entraron de tiempo completo en el otoño de 2022, 63 seguían inscritos o ya se habían graduado un año después. Comparada con escuelas similares, esta universidad queda entre las que menos retienen a su primera generación de estudiantes. Nueve de cada diez escuelas parecidas retienen una proporción mayor.

La tasa de graduación es la cifra más dura de esta ficha, y te la voy a decir sin adornos: de 521 estudiantes que entraron en 2017 buscando licenciatura de tiempo completo, seis años después sólo 153 se habían titulado aquí. Son 29 de cada 100. A cuatro años —el plazo que la mayoría de las familias tiene presupuestado— la cifra es de apenas 12 de cada 100. Comparada con sus pares, queda hasta abajo de la tabla: nueve de cada diez escuelas similares reportan una proporción mayor de titulados a seis años.

Pero antes de que esta cifra te asuste más de lo que debería, hay que desglosarla, porque el 29 de cada 100 no significa que 71 "fracasaron". De esos 521 estudiantes: 153 completaron aquí, 211 se transfirieron a otra institución elegible sin haber completado aquí (recuerda: transferirse no cuenta como graduar de esta escuela, aunque terminen en otro lado), 23 seguían inscritos sin completar dentro del plazo, y 134 quedaron en la categoría "ya no inscritos" —que no explica el motivo y puede incluir a quienes completaron después del plazo oficial.

Hay una medida más generosa en tiempo que vale la pena conocer: a los ocho años, contando una cohorte distinta y más amplia de 1,772 estudiantes que entraron en 2015-16, 67 de cada 100 tenían ya un título o certificado de esta escuela. Es una cifra que, comparada con pares, queda por arriba de la mediana. Entre estudiantes con beca Pell, el resultado es casi idéntico: también 67 de cada 100. La diferencia de un punto entre ambos grupos no significa que el camino haya sido igual de fácil para todos.

Lo que estas cifras juntas te dicen es esto: el plazo importa muchísimo. Si tu presupuesto está pensado estrictamente para cuatro años, la cifra relevante es dura —12 de cada 100—. Si tu familia puede sostener un quinto o sexto año, la imagen cambia sustancialmente. Antes de comprometerte, pide por escrito cuánto suele tardar realmente el programa que le interesa a tu hijo, cómo se programan las materias obligatorias, y cómo cambiaría el costo total si se extiende más allá de cuatro años.

Lo que ya sabes, y lo que sigue

Ahora conoces, con la profundidad que los datos oficiales permiten, una pieza importante de esta decisión: quién es Texas A&M University-San Antonio, cómo admite, cuánto cuesta en el papel y cuánto terminan pagando otras familias, cómo funciona su comunidad, y qué dicen sus propios números sobre retención y graduación.

Esta pieza no te dice si esta universidad es la correcta para tu hijo. Eso depende de otras dos cosas que sólo tu familia puede responder: qué quiere estudiar tu hijo y qué ha construido hasta ahora, y qué puede pagar y está dispuesta a pagar tu familia. Ninguna cifra de este artículo reemplaza esas dos conversaciones.

Si viven en Texas, el precio de lista aquí ya juega a su favor comparado con la tarifa de fuera del estado. Si a tu hijo le preocupa sentirse fuera de lugar entre otros estudiantes latinos, la composición de esta comunidad puede tranquilizarlo, aunque valga la pena preguntar por apoyos específicos más allá del número. Si el plan familiar depende de que termine en cuatro años exactos, esta es una de las conversaciones más importantes que deben tener antes de firmar cualquier cosa: pregunten directamente, con nombre y carrera, cuánto tiempo toma realmente completar el programa.

Ninguna cifra aquí decide por ustedes. Pero ahora, cuando llegue la carta de admisión y la carta de ayuda financiera, van a saber exactamente qué preguntas hacer y qué números pedir por escrito antes de decir que sí.

Nota sobre las fuentes: La información de este artículo proviene de reportes oficiales presentados por la institución al IPEDS (Integrated Postsecondary Education Data System) del Departamento de Educación de Estados Unidos, correspondientes principalmente a los ciclos 2022-23 y 2023-24, con comparaciones dentro de un censo de 3,012 instituciones postsecundarias del país. Best College Aid no representa a Texas A&M University-San Antonio ni a ninguna agencia gubernamental, y esta pieza no constituye asesoría de admisión personalizada.

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Nota de fuentes

Los números de esta pieza salen de los reportes que cada institución entrega al gobierno de Estados Unidos (IPEDS, National Center for Education Statistics), principalmente de los ciclos 2022-23 y 2023-24. Es una interpretación de esos datos, con fecha; para mayor precisión conviene consultar la fuente original o contactar directamente a la institución. Veritat es una iniciativa de Best College Aid.