Guía universitaria

University of South Carolina-Columbia: tasa de admisión, requisitos y graduación

La Universidad de Carolina del Sur en Columbia: lo que dicen los números cuando aprendes a leerlos

University of South Carolina-Columbia en datos

Datos federales · IPEDS + Common Data Set
Tasa de admisión
61.5 %

28,706 admitidos de 46,682 solicitantes · estudiantes de pregrado de primer ingreso que buscan título o certificado · otoño 2023

Colegiatura y cuotas
$12,688 / $34,934

estatal / fuera del estado, precio publicado por año · estudiantes de pregrado de primer ingreso y tiempo completo · 2023–24

Precio neto promedio · ingreso familiar $0–$30K
$14,421/año

después de becas y ayudas · estudiantes de pregrado de primer ingreso, tiempo completo, que buscan título o certificado y recibieron ayuda federal (Title IV), con colegiatura estatal o del distrito · 2022–23 · cada nivel de ingreso

Tasa de graduación
78 %

obtuvo una licenciatura o equivalente en 6 años (150 % del tiempo normal) · subcohorte ajustada 2017 de estudiantes de primer ingreso y tiempo completo que buscan licenciatura · cohorte 2017 · IPEDS 2023

SAT / ACT
Opcional

no es obligatorio; se considera si lo envías · solicitantes de primer ingreso a pregrado · otoño 2023

Más datos
Fechas límite de solicitud
1 de diciembre

regular: 1 de diciembre · prioritaria: 1 de diciembre · Common Data Set 2024–25 (C14, C21, C22), publicado por la universidad · confirma las fechas de este año con la universidad

GPA promedio de preparatoria
3.69

estudiantes de primer año y primer ingreso que buscan título y enviaron su GPA · Common Data Set 2024–25 (C12), publicado por la universidad

GPA de preparatoria
Obligatorio

cómo usa el GPA de preparatoria en la admisión · solicitantes de primer ingreso a pregrado · otoño 2023

SAT lectura y escritura
600–690

percentil 25–75 · estudiantes de primer ingreso inscritos que buscan título o certificado y enviaron el SAT · otoño 2023 (32 % envió el SAT)

SAT matemáticas
580–690

percentil 25–75 · estudiantes de primer ingreso inscritos que buscan título o certificado y enviaron el SAT · otoño 2023

ACT compuesto (mediana)
29

estudiantes de primer ingreso inscritos que buscan título o certificado y enviaron el ACT · otoño 2023

Tasa de retención
91 %

se volvió a inscribir el otoño siguiente, de tiempo completo o parcial · cohorte ajustada de otoño 2022 de estudiantes de primer ingreso y tiempo completo que buscan licenciatura · otoño 2022 → otoño 2023

Cuota de solicitud
$65

cuota de solicitud de pregrado · 2023–24

Estudiantes hispanos o latinos de pregrado
6 %

estudiantes de pregrado · otoño 2023 · describe quién estudia aquí, no el apoyo que recibirá un estudiante

Fuente: Departamento de Educación de EE. UU., IPEDS; GPA promedio y fechas de solicitud del Common Data Set que publica la propia universidad. Cada cifra indica a quién cuenta y de qué año. Cómo usamos estos datos

Si tu hijo tiene en la mesa el nombre de University of South Carolina-Columbia, probablemente ya sientes esa mezcla de emoción y vértigo que trae cada carta, cada portal, cada fecha límite. Es normal. Nadie nace sabiendo leer un reporte de admisiones, y menos en un idioma que no siempre es el tuyo. Yo he pasado años ayudando a familias a hacer exactamente esto: tomar una universidad que suena a nombre lejano y convertirla en algo que se puede entender, comparar y decidir. Eso vamos a hacer aquí con esta escuela pública de Columbia, Carolina del Sur.

Por Francisco CantúConsejero de admisiones y ayuda financiera
3,500 palabras16 min de lecturaIPEDS 2022–23
En este artículo

No te voy a decir si esta universidad es la correcta para tu hijo. Eso no lo puede decir ningún artículo, por más datos que tenga. Lo que sí puedo hacer es explicarte, con la misma información que reporta el gobierno federal, qué clase de institución es, quién estudia ahí, cuánto cuesta, qué tan difícil es entrar y qué le pasa a la gente que llega. Con eso en la mano, tú decides cómo encaja en el plan de tu familia.

Qué tipo de universidad es

University of South Carolina-Columbia es una universidad pública de cuatro años, y no cualquiera: el sistema Carnegie, que clasifica a las escuelas del país según lo que hacen, la coloca entre las universidades de doctorado con la actividad de investigación más alta que existe en esa escala. Es una institución grande, de las que ofrecen desde la licenciatura hasta el doctorado.

Eso no significa que cada programa llegue hasta el doctorado. El dato es institucional, no de carrera por carrera. Si tu hijo tiene en mente una disciplina específica y quiere saber si ahí puede seguir después de la licenciatura, esa pregunta hay que hacerla directamente al departamento.

La escuela está en Columbia, Carolina del Sur, dentro del condado de Richland, en pleno corazón del área metropolitana de esa ciudad. Que esté "en la ciudad" según el código censal no te dice cómo se llega desde tu casa ni cuánto tarda el camino real. Si tu hijo piensa vivir en casa y moverse todos los días, hazle un favor: maneja esa ruta un día entre semana, a la hora exacta de sus clases. El tiempo que marca el mapa casi nunca es el tiempo real.

Algo que vale la pena aclarar de entrada, porque despeja confusiones: esta universidad no tiene ninguna de tres designaciones específicas que existen en el sistema federal. No es una universidad históricamente afroamericana (HBCU), no es una universidad tribal, y no es una institución land grant. De las más de tres mil universidades en este directorio nacional, 138 sí tienen alguna de esas tres etiquetas; ésta no. Eso no dice nada sobre a qué comunidades atiende hoy, ni sobre cómo se sentiría tu hijo en ese campus. Eso se pregunta directamente: qué organizaciones estudiantiles existen, qué centros culturales hay, y mejor todavía, platicando con alguien que ya estudie ahí.

Un dato más para tu mapa: Carnegie también la clasifica como una escuela que recibe a muchos estudiantes transferidos. Si tu hijo piensa llegar aquí después de haber estudiado en otro lado, esa etiqueta es una señal para investigar, no una garantía. Pide por escrito, antes de que se mueva, qué materias le van a reconocer y cuáles no.

Una comunidad grande, y dentro de ella, quién es quién

Aquí hay que empezar por el tamaño, porque cambia todo lo demás. En el conteo oficial más reciente, University of South Carolina-Columbia reportó 36,579 estudiantes inscritos. Es una cifra enorme: cae en la banda más alta que usa el gobierno para medir escala, la de 20,000 estudiantes o más. Entre escuelas públicas parecidas de admisión selectiva, está entre las más grandes del país; cuando mucho una de cada diez universidades de ese grupo tiene más estudiantes que ella.

Pero ese número grande esconde algo importante: no es sólo pregrado. De esos 36,579, hay 28,470 estudiantes de licenciatura y 8,109 de posgrado, gente que ya terminó una carrera y volvió a estudiar. Si tu hijo apenas va entrando, el número que le importa a él no es el total. Es el 28,470.

Dentro de ese pregrado, ¿quién está sentado en el salón junto a tu hijo? De cada 100 estudiantes, 58 son mujeres. Poco más de la mitad, 54 de cada 100 de los que entran por primera vez, vienen del mismo estado. Casi no hay estudiantes adultos: sólo 3 de cada 100 tienen entre 25 y 64 años. Y en cuanto a estudiantes hispanos o latinos, son 6 de cada 100. Es una minoría chica, y comparada con universidades públicas selectivas parecidas, queda por debajo de la mitad de ese grupo.

Aquí quiero ser honesto contigo sin dramatizar: que haya pocos latinos no vuelve mala a la escuela, y que hubiera muchos tampoco la volvería automáticamente buena. Es un dato de quién está matriculado hoy, nada más. Si tu hijo va a ser de los pocos, la pregunta que sí vale la pena hacer en la visita es qué grupos estudiantiles, qué apoyos y qué presencia latina existen realmente en ese campus, y escuchar la respuesta de alguien que ya vive ahí.

Cómo funciona el año académico y qué créditos reconocen

El calendario es semestral: dos periodos largos, de unas 15 semanas cada uno. Nada exótico ahí.

Algo que sí te conviene saber si tu hijo ha tomado clases avanzadas en la prepa: la universidad reporta que acepta créditos de exámenes AP, pero no marcó que dé crédito por experiencia de vida. También declaró que matricula estudiantes de high school en cursos universitarios con crédito, tanto dentro como fuera de un programa formal de doble inscripción. Y sí acepta crédito por entrenamiento militar.

Que digan que aceptan AP no significa que cualquier examen les sirva. No sabemos cuántos puntos piden ni cuántos créditos otorgan, ni si esos créditos cuentan realmente para la carrera específica de tu hijo. Antes de que hagan cuentas alegres sobre "graduarse antes" o "ahorrarse un semestre", pide la evaluación de equivalencias por escrito.

En cuanto a la oferta de carreras: en un solo año, esta universidad entregó 6,529 títulos de licenciatura, repartidos en 22 familias de disciplinas distintas. Ninguna se lleva más de 27 de cada 100 títulos —esa es la de negocios y administración, la más grande, pero no domina el total. Es una oferta ancha. Comparada con escuelas parecidas, queda en el cuarto que más títulos entrega al año. Eso sí, "22 familias con actividad" no equivale a 22 carreras específicas: cada familia agrupa varios programas, y conviene verificar el programa exacto que le interesa a tu hijo, no sólo la categoría general.

Sobre el tamaño de los grupos de clase: la universidad reporta 18 estudiantes por cada miembro del personal de instrucción, medido en equivalentes de tiempo completo. Es una razón media en la escala general, pero comparada específicamente con escuelas de su mismo tipo, cae en el cuarto más alto. Ninguna de las dos lecturas es falsa; simplemente miden contra grupos distintos. Y ninguna de las dos te dice el tamaño real de las clases de primer año. Eso se pregunta directamente al departamento.

La universidad también reporta caminos académicos estructurados: estudio en el extranjero, un programa completo que puede cursarse sólo de noche o los fines de semana, y rutas específicas para quienes buscan certificación docente. Vale la pena preguntar por nombre si algo de esto conecta con lo que tu hijo quiere estudiar.

Entrar aquí no es trámite, tampoco es lotería

Esta es una universidad que revisa antes de decir que sí. No tiene admisión abierta. De las piezas que evalúa, cuatro son obligatorias: el promedio de la preparatoria, haber cursado el plan de materias que la universidad exige, un ensayo personal, y el examen de dominio del inglés para quien lo necesite. Además considera, aunque no sean obligatorios, el expediente completo de la prepa y el lugar que tu hijo ocupó en su generación.

Dicho de frente: aquí no basta con juntar papeles. El ensayo es requisito, así que tu hijo tiene que escribir, y escribir bien. Que lo empiece en el verano, no la semana de la fecha límite. El primer borrador nunca es el que se manda. La tarifa de solicitud publicada es de $65.

¿Qué tan selectiva es en la práctica? En el ciclo más reciente reportado, 46,682 estudiantes solicitaron entrar como primer ingreso. De ellos, 28,706 recibieron oferta de lugar. Eso es 61 de cada 100. Comparada con otras escuelas públicas selectivas, queda del lado más exigente: siete de cada diez de esas escuelas aceptaron a un porcentaje mayor de sus solicitantes. Visto de otra forma, casi 18,000 solicitantes no recibieron el sí. No es trámite seguro, pero tampoco es una lotería ciega: la solicitud sí se revisa a fondo.

Y aquí viene un dato que muchas familias pasan por alto: ser admitido no es lo mismo que inscribirse. De cada 100 estudiantes que esta universidad admitió, sólo 25 terminaron matriculándose ahí. Los otros 75 tenían la carta en la mano y eligieron otro lugar. Es un porcentaje común entre escuelas parecidas, ni alto ni bajo. Cuando le lleguen las admisiones a tu hijo, este dato no es lo que decide nada por él: pon las cartas una junto a otra y compara precio neto, carrera y distancia antes del día del depósito.

Sobre los exámenes estandarizados: el SAT y el ACT no son requisito aquí. Entre quienes sí se inscribieron y entregaron puntajes de SAT —32 de cada 100 lo hicieron—, la mitad de en medio sacó entre 600 y 690 en lectura y escritura, y entre 580 y 690 en matemáticas. Estos números describen sólo a quienes ya estaban inscritos y decidieron mandar su puntaje; no son un mínimo que hay que alcanzar ni una garantía de nada.

Un apunte sobre transferencias, por si tu hijo piensa moverse en algún momento: de una generación que entró en 2017, 16 de cada 100 se transfirieron a otra escuela sin terminar aquí primero. Cambiarse de universidad no es fracasar. Pero si es algo que tu hijo contempla, conviene que sepa desde antes cómo se piden los papeles y qué créditos se reconocen en el destino, porque eso hay que pedirlo por escrito, con la lista de materias en la mano.

El precio de lista y por qué casi nadie lo paga completo

En University of South Carolina-Columbia, entre 511 estudiantes de primera entrada y tiempo completo, que buscaban una credencial, recibieron ayuda federal Title IV y pagaron la tarifa estatal o distrital cuyos expedientes EFC registraban ingreso familiar de menos de $30,000, el precio neto promedio fue de $14,421. Entre 436 estudiantes de la misma población con ingreso EFC familiar de $48,001 a $75,000 fue de $22,744; entre 1,506 estudiantes con ingreso EFC familiar de más de $110,000, de $29,493. Para estudiantes dependientes, la banda suma el ingreso de sus padres y el suyo.

Entre el promedio de la banda de menos ingreso (511 estudiantes) y el de la banda de más (1,506 estudiantes) hay $15,072 de diferencia. Estos son promedios de grupos, no una predicción del precio de tu familia. Entre los de primer año que recibieron alguna beca, el promedio fue de $26,068.

Entre las 519 escuelas de su mismo tipo y control incluidas en este censo que reportaron este dato con la misma cobertura temporal, ésta cae en la cuarta parte más cara para las familias de menos ingreso. Eso no quiere decir que haya que descartarla. Quiere decir que hay que pedir la carta de ayuda antes de decidir.

Como el precio cambia tanto de una banda de ingreso a otra, ubicar bien la tuya es lo primero. Las bandas por ingreso de esta ficha describen a estudiantes de primera entrada y tiempo completo que buscaban una credencial y recibieron ayuda federal Title IV; en las instituciones públicas usan la tarifa estatal o distrital. El promedio general con beca, cuando aparece, describe a estudiantes de primera entrada y tiempo completo que buscaban una credencial y recibieron becas o subvenciones federales, estatales, locales o institucionales. La que manda es la carta de ayuda que te llegue a ti.

La ayuda que sí llega, y la que llega menos

La buena noticia, dicha con toda honestidad: 80 de cada 100 estudiantes de esta universidad reciben algún tipo de beca o ayuda que no se devuelve. El promedio de esa ayuda, entre quienes la reciben, es de $7,205 al año.

Pero hay que separar esa cifra de otra que suele confundirse: la beca federal Pell, que es ayuda dirigida específicamente a familias de bajos ingresos, sólo llega a 19 de cada 100 estudiantes aquí. Es decir, la mayoría de la ayuda que se reparte no viene de Pell, sino de otras fuentes: la propia universidad, el estado, becas privadas. El reporte junta todo eso sin decir de dónde viene cada dólar, así que de este número no se puede deducir qué le tocaría exactamente a tu familia. Eso se pregunta directo en la oficina de ayuda financiera, y se pide la respuesta por escrito.

En cuanto a préstamos: 42 de cada 100 estudiantes de pregrado tomaron un préstamo federal en el año más reciente reportado. Quienes pidieron prestado, se llevaron en promedio $6,342 ese año. Ese promedio anual no es la deuda total con la que alguien se gradúa —eso requeriría sumar varios años, y ese número no existe en este reporte—, y tampoco incluye préstamos que a veces piden los padres directamente, ni deuda de tarjeta o banco.

La verdad simple es ésta: aquí hay estudiantes que pasan el año sin deber nada y estudiantes que piden prestado. En cuál de los dos grupos caerá tu hijo no lo decide este porcentaje. Lo decide la carta de ayuda financiera que le llegue a él, específicamente.

Vida en el campus: vivienda, ROTC, deportes y apoyos

Esta universidad sí tiene vivienda propia y no obliga a todos los estudiantes de primer año a vivir ahí —aunque eso no descarta que algún programa específico sí lo requiera. La capacidad máxima reportada de vivienda institucional es de 9,956 estudiantes. También ofrece planes de comida, con un número fijo de comidas semanales en el plan más grande. Que exista la opción no garantiza una cama ni un lugar asegurado: pide por escrito la tarifa del año, la fecha límite para solicitar, y si el lugar viene garantizado o entra a lista de espera.

Para quien tenga en mente el servicio militar: la universidad reporta oportunidad de ROTC en las tres ramas, Ejército, Marina y Fuerza Aérea. Eso no es lo común —de las más de tres mil universidades del país, sólo 135 marcan las tres. Pero que esté marcado no confirma que el programa se curse en este campus específico ni informa sobre cupos o becas. Eso se pregunta rama por rama, por nombre.

En deportes, la universidad compite a nivel intercolegial y está afiliada a la NCAA. Reporta membresía para fútbol, baloncesto, béisbol y campo traviesa o atletismo de pista. Si tu hijo quiere competir, la membresía institucional no le garantiza nada a él: hay que escribirle directamente al entrenador de esa disciplina y preguntar por cupo, división y beca atlética, por escrito.

La modalidad a distancia existe en ambos niveles, pregrado y posgrado, pero es la excepción, no la norma: sólo 2 de cada 100 estudiantes de pregrado llevan todas sus clases a distancia. Los otros 98 toman al menos una clase presencial.

La biblioteca tiene personal contratado, gasto que supera el umbral que registra el gobierno, material físico y digital, y préstamo entre bibliotecas. Eso confirma una biblioteca funcional, no garantiza que tenga las bases de datos específicas para la carrera de tu hijo — eso se pregunta por nombre de programa.

La universidad también reporta servicios de orientación académica y profesional, bolsa de trabajo para estudiantes, cuidado infantil en el campus, apoyo específico para veteranos y militares (incluyendo participación en el programa Yellow Ribbon), y una página de servicios para estudiantes con discapacidad. Que estos servicios existan y estén reportados no dice qué tan accesibles, efectivos o suficientes son en la práctica. Eso se conoce visitando y preguntando.

Qué pasa con los que llegan: retención y graduación

Aquí llegamos a una de las cifras más tranquilizadoras de todo el reporte, y vale la pena decirla con claridad.

De la generación que entró como primer ingreso, tiempo completo, en 2022, el 91 de cada 100 seguía inscrita al año siguiente o ya había completado su licenciatura. Es una tasa de retención alta: comparada con escuelas públicas selectivas parecidas, está entre las que más conservan a sus estudiantes. Nueve de cada diez universidades similares retienen una proporción igual o menor.

Ojo con lo que esa cifra no dice: junta a quienes siguen estudiando con quienes ya se graduaron, sin separar las dos ramas. No es una tasa de graduación final.

Y hablando de graduación: de una generación que empezó en 2017, el 78 de cada 100 tenía su título de licenciatura seis años después. Con el plazo más corto de cuatro años, la cifra baja a 69 de cada 100 — nueve puntos de diferencia, que es exactamente el tiempo que muchos estudiantes necesitan de más. Comparada con escuelas parecidas, esta universidad está entre las que más titulan: nueve de cada diez instituciones similares se quedan igual o por debajo.

De esa misma generación de 5,869 estudiantes, el desglose completo es este: 4,559 se graduaron aquí dentro del plazo, 925 se transfirieron a otra escuela sin completar aquí, 32 seguían inscritos sin terminar, y 349 ya no estaban inscritos en ningún lado al momento del corte, sin que el reporte diga por qué.

Quiero decirte esto de frente, sin suavizarlo: un porcentaje alto de graduación no es una promesa para tu hijo en lo individual. Es lo que le pasó a una generación completa que entró hace varios años. Lo que sí está en tus manos, y en las de él, es que entre con los créditos en orden, sepa quién es su consejero desde el primer semestre, y esté al tanto de cuándo se inscriben las materias que necesita su carrera.

Un último dato, mirando más lejos en el tiempo: siguiendo a una cohorte más amplia de estudiantes —que incluye tanto primer ingreso como quienes ya traían créditos de otra escuela— ocho años después de haber entrado, 77 de cada 100 tenían ya un título o certificado de esta institución. Entre quienes recibieron beca Pell específicamente, esa cifra fue de 71 de cada 100, ocho puntos por debajo del grupo que no la recibió. Comparada con escuelas similares, esta universidad queda en el cuarto de arriba en este indicador. Si tu familia calificaría hoy para Pell, vale la pena preguntar en la escuela qué apoyo concreto existe para esos estudiantes: consejero asignado, ayuda de emergencia, y si las becas internas se renuevan automáticamente cada año. Y pide esa respuesta por escrito.

Juntando las piezas

Ya conoces ahora una pieza importante del rompecabezas: qué es esta universidad, quién la compone, cuánto cuesta en la práctica según el ingreso de cada familia, qué tan difícil es entrar, y qué le ha pasado a quienes ya pasaron por ahí. Es información sólida, oficial, y ahora la tienes traducida a algo que se puede usar.

Pero esta pieza sola no decide nada. Todavía te falta juntar esto con lo que tu hijo realmente quiere estudiar y hacia dónde quiere construir su vida, y con lo que tu familia puede y está dispuesta a pagar una vez que llegue la carta de ayuda financiera real, la que tiene el nombre de tu hijo escrito, no un promedio de otras familias.

A tu hijo le toca escribir ese ensayo, elegir su carrera, esforzarse en el salón. A ti te toca entender el dinero, hacer las preguntas incómodas por escrito, y acompañarlo sin cargar tú solo el peso de decidir por él. Ninguno de los dos tiene que hacerlo solo, y ninguno de los dos tiene que hacer el trabajo que le corresponde al otro.

Con esto ya puedes sentarte con tu hijo y con las cifras de tu propia situación, y empezar a ver si University of South Carolina-Columbia tiene lugar real en el plan de tu familia, o si es una pieza más para comparar contra otras antes de decidir.

Nota sobre las fuentes: La información de este artículo proviene de datos reportados por la institución al sistema IPEDS (Integrated Postsecondary Education Data System) del Departamento de Educación de Estados Unidos, correspondientes principalmente a los ciclos 2022-23 y 2023-24. Best College Aid no representa a University of South Carolina-Columbia ni a ninguna agencia gubernamental; esta pieza organiza y explica datos públicos con fines informativos para familias.

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Nota de fuentes

Los números de esta pieza salen de los reportes que cada institución entrega al gobierno de Estados Unidos (IPEDS, National Center for Education Statistics), principalmente de los ciclos 2022-23 y 2023-24. Es una interpretación de esos datos, con fecha; para mayor precisión conviene consultar la fuente original o contactar directamente a la institución. Veritat es una iniciativa de Best College Aid.